31 mayo, 2008

LA NOCHE DEL CAZADOR


Imaginad: Típico pueblecillo del sur norteamericano, donde todos se conocen, se entrometen en la vida de los demás y hablan con el mismo acento que el oso Yogui. Años 30. La Gran Depresión. Un hombre desesperado roba un pastón en el banco y se carga al banquero. No es un profesional. Es un padre que no tiene qué darle de comer a sus dos chavales. La poli lo detiene a la media hora, el tiempo justo para esconder la pasta. Sólo los niños saben dónde está. Piensa que en un futuro ese dinero les hará la vida más fácil. Craso error.

Al padre lo condenan a la horca. Tal vez le reducirían la condena si dijera al menos dónde está el botín, pero sus labios están sellados. Ni su compañero de celda, un siniestro y persuasivo predicador con las palabras Amor y Odio tatuadas en los nudillos, es capaz, pese al enorme interés que demuestra en ello, de sacarle una sola palabra. Al padre lo ajustician y un mes después el predicador, detenido por un delito menor (aunque en realidad podría acusársele también del asesinato de unas cuantas viudas si no fuera un tipo tan listo) sale a la calle libre como un gorrioncillo. Y, por supuesto, tiene en su mente un plan: encontrar ese dinero. Corre en busca de la joven viuda, Willa, una chica que se ha quedado sola, es pobre, tiene a dos niños a quienes mantener y ni se imagina remotamente dónde está lo que todos buscan, o sea, una mujer peligrosamente vulnerable. Bueno, para el predicador, en este caso, deliciosamente vulnerable. Por supuesto cae en la trampa de Harry Powell y se casan algún tiempo después. Ella piensa que es una gran oportunidad porque sus hijos necesitan a un padre y este parece un buen hombre, es encantador, inteligente y tan buena persona que está dispuesto a cuidarles. Un hombre de Dios. Sin embargo el mayor de los niños, de unos nueve años, no piensa igual. Se da cuenta en seguida de que el predicador busca el dinero. Pero nadie le cree. Piensan que todo son celos y puro cabreo. Fliparían si vieran cómo es la actitud oculta de Powell cuando se da cuenta de que él y su hermana son quienes conocen el secreto. Fliparían con la maldad que ese hombre lleva dentro y con el miedo que es capaz de infundir.

Esa es la esencia del libro. El miedo que despierta, el desasosiego que transmite. La clave para que esta novela sea una gran novela. Que uno tenga la necesidad de parar de leer para tomar aire no lo consigue cualquiera. Y sé que suena tópico, pero es verdad. Ni siquiera A sangre fría, de la que había oído que causaba un efecto semejante, me pareció tan chunga. Esta es absolutamente inquietante. E, insisto, es su punto fuerte. No le debió resultar fácil a Davis Grubb, el autor, dar en el clavo. De hecho, creo que sólo dio en el clavo con esta novela, las demás pasaron inadvertidas. Me voy a permitir insinuar sutilmente que la explicación obvia de este fenómeno, o no-fenómeno, es que el tío no fue un gran escritor. Cae continuamente en lugares comunes, es repetitivo en algunos símiles (“su pelo negro como ala de cuervo” es una frase chirriante que se puede leer bastantes veces en un tramo de la historia), la psicología de los personajes, salvo el del predicador, es bastante pobre y el texto por si mismo es un pelín mediocre. Qué fácil es rajar, ¿no? Que conste que no lo hago con mala baba. Al contrario. Intento explicar que a veces no hace falta ser buenísimo para hacer las cosas muy bien. Claro que no he leído nada más de este fulano. De hecho, dudo que haya otras novelas suyas en español pero, no hay necesidad de faltar a la verdad, no me he molestado en averiguarlo. La cosa es que La noche del cazador es una historia cuya intensidad es tan subyugante que todo lo demás es pajilla. Podría cargarme la mitad de este párrafo y decir simplemente que, como siempre, si tenéis la oportunidad de leerla lo hagáis y si no la tenéis, recordad que siempre podéis buscarla… ¡será por librerías!

15 abril, 2008

BLB

Me salto mi nueva norma no escrita de sólo un post al mes (por lo menos hasta julio, luego ya veremos) para recomendar fervientemente que visiteis un nuevo blog con el que me he tropezado "casualmente".

Aún está en construcción. Creo que debería cambiar el contraste (desde este ordenador almenos no se ve demasiado bien, no sé si es que está mal configurado o qué... ¡Es del aulanet, una no debe fiarse! De todas formas, si tenéis algún problema de esta guisa deberíais quejaros al equipo ejecutivo (yo pienso hacerlo si compruebo que es culpa suya)
Cuestiones técnicas a parte, lo básico y fundamental es que ya está en marcha.

Y promete, ¿no?

Bueno, pues ahí a la derecha está el enlace... siguiente paso: doble click sobre él.

¡Saludos a todos!

05 abril, 2008

PALESTINA: EN LA FRANJA DE GAZA


Me he decidido a escribir de nuevo sobre un comic; una novela gráfica que creo que ya es todo un clásico en su género. Aunque a lo mejor exagero.

A priori supongo que (como la mayoría de las veces) este acabará siendo un post lleno de imprecisiones. Esta vez tengo disculpa: lo leí en diciembre. No tengo muy claro porqué me decido ahora a escribir sobre él, pero intuyo que es porque era una especie de tarea inconscientemente pendiente.

Con el título que tiene no hace falta ser un Sherlock para darse cuenta del tema sobre el que trata. Para escribirlo, Joe Sacco se trasladó allí mismo, al ojo de huracán,en cuanto la primera Intifada se lo permitió, es decir, cuando comenzó a decaer (que no a dejar de notarse) en 1991. A través de intérpretes la mayoría de las veces y directamente otras, recoge todo tipo de testimonios. No sólo de la opresión a la que les someten los israelís, si no también de los problemas entre las distintas facciones palestinas. Cómo se enfrentan a todo ello las familias que, en poco tiempo y sin razones aparentes, lo pierden todo: sus casas, sus medios de vida, a algunos de sus parientes. De los jóvenes, llenos de rabia y de fuerza. De los viejos, llenos de cansancio. De los rencores dificilmente conciliables. De la situación de la mujer. De las enormes cárceles, que parecen ciudades de presos. De la indiferencia que a veces se vive en la calle tras duros episodios de violencia. Cómo esto puede convertirse en simple rutina.

Lo describe sin moralina. Tal cual es, y nada más. Con una buena dosis de ironía. También de respeto. No es una historia de buenos y malos, es una realidad. No me parece un libro pro-palestina porque (al final, eso es cierto) explica también el punto de vista de Israel. No aseguraría, como he leído por ahí, que sea parcial. No hace más que contar lo que vive mientras está allí. No creo que pinte al individuo judío como un cruel tirano que disfruta de su posición, ni a los palestinos como simples víctimas indefensas (aunque no puedan practicamente defenderse). Cuenta historias de personas reales. No veo en esta historia fines políticos en el sentido de la política como posicionamiento formal. Personalmente, no he podido interpretarlo más que como un documental, una exposición de hechos. No intenta convencer a nadie de nada. Simplemente da la palabra a los palestinos. Eso es otra cosa. Al fin y al cabo, las bombas les caen a ellos más que a ningún otro. Su caso es una cuestión de supervivencia. Lo de Israel también, pero a un nivel diferente. Quizás los palestinos pueden hablar desde la subjetividad (aunque sus vivencias claramente son reales, así que lo subjetivo es relativo, -ivo, -ivo) pero para eso está la figura del periodista, que no juzga (esa es la clave, creo), simplemente transmite. No confundamos a Sacco con Michael Moore (objetivamente hablando)

Noto que me estoy yendo por las ramas. Me centraré en ponerle adjetivos al comic:


Magistral. Impactante. Demoledor.


A quién le interese: hay muchos más comics en las bibliotecas públicas de lo que yo creí jamás. Está publicado en Planeta. Las viñetas son un poco raras a veces, Sacco tiene una forma de dibujar bastante peculiar, aunque interesante. A pesar de todo, el comic tiene momentos graciosos y, de verdad, soy consciente de que me repito mucho en los finales de los post, pero cuando lo digo es porque lo pienso: vale la pena.

04 marzo, 2008

La cruzada de los niños (MATADERO CINCO)



Tengo la gran suerte de que alguien escuche mis constantes refunfuños y que cuando ve la oportunidad de hacerme callar, no la desaprovecha... Gracias a esto, he podido leer a Kurt Vonnegut (No encontraba sus novelas por ningún lado, y eso que están en Anagrama) También tengo la suerte de que Francisco Machuca encontrara un día este blog. Digo esto porque probablemente sin él ni siquiera conocería a Vonnegut… Sí, definitivamente tengo una chorra como la copa de un pino.

Preferiría no escribir aún este post porque creo que se merece algo más elaborado. Me gustaría poder hablar del autor y de su obra en general, pero ¡ay! sólo he leído Matadero cinco. “¿Y porqué no te esperas?”, direis (bien dicho.) Bueno, la razón evidente es que no sé cuándo encontraré más títulos por ahí. Y, sí, aquí cabría hacer una segunda pregunta “¿Por qué no miras en la Fnac o en El corte Inglés?” Mi lado pervertido dice lo mismo. Pero no, gracias. Los libreros de toda la vida también tienen facturas y estómago. (No pienso poner los pies en la Fnac, me niego, no, jamás, nunca. Vale, ya lo he dicho.) Además no olvidemos que esta razón es evidente, no única: La otra es que Machuca no sólo me ha hablado de Vonnegut. Y además también he estado investigando por mi cuenta… así que se me acumula el chollo. De momento, toca explorar…

Así que ciñámonos a Matadero Cinco.

“Volví allí con un viejo camarada de la guerra, Bernard V. O’Hare, y nos hicimos amigos del taxista que nos llevó hasta el matadero donde nos habían encerrado una noche como prisioneros de guerra. Su nombre era Gerhard Müller y nos dijo que había sido prisionero de los americanos durante algún tiempo. Le preguntamos qué tal se vivía bajo el comunismo, y él respondió que al principio era terrible –pues todo el mundo tenía que trabajar muchísimo, a parte de que no había ni cobijo ni alimentos ni ropas adecuadas-, pero que ahora las cosas estaban mucho mejor. Tenía un apartamento, pequeño aunque muy agradable, y su hija recibía una educación excelente. La madre quedó calcinada en el bombardeo de Dresde. Como suena.”

El lenguaje es perfecto: sin adornos, sin pretensiones. Con ironías constantes y sutiles y con un humor negrísimo. Sólo la primera frase, “Todo esto sucedió, más o menos”, es suficiente para intuir que a Vonnegut hay que leerlo. Soy consciente de lo precipitado que es, por lo que ya sabéis, decir cierto tipo de cosas (cosas como las que estoy a punto de decir) pero ojalá hubiera más vonneguts en el mundo. Simple, directo, divertido y estremecedor… ¡Porras! Este es de esos que me hacen recordar mi adolescencia (cuando quería ser escritora) con sonrisa sarcástica. Me encanta. Me encanta disfrutar de tipos así. De libros que, cuando llegas al final, sigues manoseando un rato antes de ponerlos en un estante, a la espera de encontrar algún incauto a quién endosárselo para que se repita la experiencia. Oh, mon amie… cê't l’amour (Esto escrito de oidas, que yo de francés ni papa, así que, si alguno sabe, que no me odie para siempre)

Como aborrezco redactar argumentos, voy a copietear un poco lo que pone en la contraportada de mi edición (aunque recomiendo que leais la sinopsis de la Wikipedia) :
La historia de un superviviente de la matanza (Se refiere al bombardeo de Dresde) que, muchos años más tarde es raptado y transportado al planeta Trafalmadore es una de las muchas tramas que se entrecruzan en una obra profundamente innovadora, en la que resplandencen cegadoras metáforas de la nueva era y en la que los pasajes de ciencia ficción funcionan a la manera de los payasos de Shakespeare.

Vale, está claro que Vonnegut no lo resumiría así, ¿verdad?
La cuestión, lo verdaderamente sorprendente, es que el alter ego del autor en esta novela es abducido por unos extraterrestes que ven en cuatro dimensiones, lo que les permite tener una noción del tiempo completamente distinta de la nuestra. Así, los flashback no lo son en realidad… ¡es que el prota viaja en el tiempo! Y yo que pensaba que la ciencia ficción era para flipaos….

En fin. Creo que me estoy alargando mucho. Va a haber que ir abreviando. Haceos con uno y dejad de perder el tiempo en internet, comprabaréis que vale la pena.

06 febrero, 2008

...Y OTRA DE ARENA

Otra vez, por darme un respiro (por eso y porque hoy me acabé el último libro que me quedaba y la otra alternativa a Regulación es el Solitario Spider y por ahí no paso) voy a soltar mi rollo insípido sobre otro par de libros. Bueno. Y porque este par de libros, en concreto, me han gustado mucho. Mucho, mucho.

Rant es la última novela de Chuck Palahniuk (el amigo de los niños). Prefiero no contar mucho de qué va, porque a mis manos llegó sin ninguna información y lo cierto es que tampoco en las capas del libro da demasiadas pistas sobre el argumento. Me parece una buena idea. Es un libro que vale la pena ir descubriendo poco a poco. Decir simplemente que es una biografía ficticia ambientada en una sociedad supuestamente futurista (no en plan androides y coches que vuelan (oooh) sino más bien con ese punto Huxley de “la humanidad se va a la mierda” (uy, lo que ha dicho)) y que el final no tiene precio. Bueno, la historia en sí no lo tiene (aunque se lo han puesto en veinte euros, nada más y nada menos) tanto por curiosa como por original. Que nadie se haga ilusiones con volver a disfrutar de momentos desagradables como en Tripas, porque no los tiene, pero que nadie se desanime, porque Palahniuk sigue derrochando exotismo a raudales. Ha escrito su novela como si se tratara de un documental construido a base de las declaraciones, entremezcladas, de los conocidos del protagonista. Este recurso, que aporta mucho ritmo, está además muy bien aprovechado por el autor para introducir sorpresas inesperadas (ya, las sorpresas es lo que tienen) Así que bueno, teniendo en cuenta que me muero por decir de qué va exactamente (porque es muy fuerte) no voy a decir nada más, que se me calienta la boca y luego la tenemos (dudo mucho que salga un libro mejor este año)

La otra novela a la que me refería al principio es todo un clásico de la literatura portuguesa del XIX: El misterio de la carretera de Sintra. La hijita de Eça de Queirós y Ramalho Ortigao. No tengo palabras para expresar lo que mola. Bueno, seamos sinceros: se me ocurren muchas, pero son pedantes y me da vergüenza hablar así. Se publicó por entregas curiosamente el mismo año en que murió el rey del género, o sea, Dumas, en un periódico llamado Diario de Noticías. Llegó allí por correo, como cartas dirigidas al director por los distintos implicados en el misterioso suceso. Por eso llegaron también a la redacción otras de personas reales que, no dándose cuenta de que se trataba de la broma de un par de incipientes escritores, intentaban aportar luz al enigma. Cuando Eça se consagró en el mundo literario llegó a calificarla de “execrable” y, hombre, fallitos tiene, pero no hay que pasarse. Que el tío la escribió con mi edad (ahí, ahí, urgando en la herida, ¿alguién me pasa la sal?) No sé, entiendo que un escritor profesional y autocrítico pudiera verla como una chorradita de sus inicios pero la lectora consagrada (ole, ole, ooole!) que aporrea el teclado no opina lo mismo. Está claro que él no se leyó El cazador de sueños (¡uf! Qué suplicio)
La trama: dos jóvenes son raptados por tres enmascarados que les llevan a una lúgubre casa, donde nada es lo que parece. Un cabello rubio de mujer, una copade agua con opio, un montón de pasta desaparecida y otro hombre que se presenta allí sin que nadie le espere. ¡Ah, claro! Y el cadaver de un extragero…

16 enero, 2008

LECTURAS LEVES


Al final, como si no fuera evidente, las Navidades pasaron en un suspiro. Mis planes se vieron frustrados e hice demasiado poco de todo lo que tenía que hacer. Soy de esas que se organizan fatal. He necesitado volver a Mundo-mandril (aunque este nombre no sea ya más que una simple reminiscencia) y estar al frente de mi eterna mesa llena de libretitas, calculadoras, cds, pendrives y sobre todo de perversos montones de apuntes, que si tuvieran ojos me mirarían igual de mal que yo a ellos, seguro, para abrir una página de Word y ponerme a escribir. Así que no nos engañemos. No es que mi primer libro de este año me haya inspirado. Ha sido la necesidad de desuncirme.

No es una primicia que, tristemente, Paul Auster no me toca la fibra. Por más que lo intente (no él, yo). Esta vez, con Leviatán, la cosa pintaba bien. El protagonista es un escritor que decide hacer un relato explicativo de la vida de un amigo suyo antes de que sus trocitos (el tipo, el amigo, muere manipulando una bomba) sean identificados y llegue a los oídos de la gente una versión errónea de los hechos, una imagen de él distorsionada y peyorativa. Hasta aquí, estupendo. Me recordaba a La verdadera vida de Sebastian Night. Un tipo decide escribir la biografía de otro para salvar su honor. No está mal. Además Auster es bueno, da a sus textos mucha agilidad e incluso engancha (cuánto es ya otra cuestión) Así que todo iba bien, como decía, a pesar de ser nuestro héroe un escritor amante del béisbol con un divorcio a sus espaldas (sorpresa, sorpresa)
Por desgracia no tardaron en torcerse las cosas. Aun siendo la historia capaz de picar la curiosidad, algo falla. La poli relaciona el caso con el escritor porque entre los fragmentos recogidos en el lugar del accidente encuentra un trocito de papel con su número de teléfono (?) Así se inicia la contrareloj (se supone que lo escribe todo en un par de semanas, a escondidas) de aclarar las cosas. En estas circunstancias, Paul Auster relata los hechos como si el protagonista fuera un psicólogo amante de su trabajo: Fulano actuó así porque se sentía asá. Por supuestó “así” es demasiado inverosímil, o lo son sus consecuencias, como para no tener que explicarlo… pero sería de agradecer un poco de sutileza al hacerlo. Su forma de psicoanalizar a todos los personajes es demasiado descarada y resulta artificial teniendo en cuenta que se trata de una persona hablando de otras personas de su entorno: su amigo, una amante, la amiga de su amante, su ex-mujer, la mujer de su amigo y, por supuesto, él mismo. ¿Realmente es creible que un ciudadano de a pié sea capaz de hacer el retrato psicológico de todo el mundo? Me molesta que haya que justificar los actos de los personajes para darles sentido, metiendo con calzador explicaciones que no deberían hacer falta para sostener una historia, especialmente cuando no se está utilizando un narrador omnisciente. Está claro que Auster tiene que comer. Que trabaja un montón y que hace betsellers y punto. Pero me da pena que sea así porque en el fondo estoy casi convencida de que podría escribir grandes libros. Desde luego tiene las aptitudes ¡a ver si se anima!

Por lo demás, ahora estoy leyendo el ya famoso Firmin, de Sam Savage. Hay una reseña de él en el blog Cuaderno de lectura , por eso supe de su existencia. Me está pareciendo interesante aunque tal vez esperaba un poco más. De lo que no cabe duda es de que se trata de una historia bastante original, fácil de leer, con guiños literarios (que siempre quedan bien, ¿no?) y por lo tanto es perfecto para épocas en las que uno no tiene mucho tiempo. Mi problema es que justo en esos momentos es cuando me entran unas ganas descomunales de leer a Dostoyevski. Por eso no quiero hablar demasiado de Firmin. Me doy cuenta de que lo estoy leyendo con bastante ansiedad y eso me causa insatisfacción (¡juas! soy una pequeña Paul Auster en potencia, pero en versión cutre...¡si más pronto hablo...!) Así que nada, pasaos por allí y, como siempre, si tenéis la oportunidad, juzgad por vosotros mismos.

12 diciembre, 2007

SANTUARIO

Pido disculpas (una vez más y si es que a alguien le importa) por estar un mes enterito por ahí de picos pardos (“de picos pardos”= “muriendo lentamente”, ya sabéis) pero he de decir en mi favor que no he descuidado mis deberes (o no del todo). Algunos de los libros que he leído no me han gustado mucho, tengo que admitirlo. No estaba en mis planes decir esto pero… si hay por ahí alguna alma bondadosa que haya sido cautivada por Kafka en la orilla (o sea, que lo entienda) que me lo explique, please. Al llegar al final, de pronto me vi graznando“¿Qué? ¿Qué?” Así que necesito que alguien me ilumine para, una vez que lo entienda, rajar a gusto sobre ciertos momentos estilísticos, no muy abundantes, pero presentes al fin y al cabo, que me han hecho sangrar los ojos. Tranquilos, eso era una metáfora…
¿Lo pillais?

También he leído (y sigo haciéndolo) cosas guays, pero hoy voy a centrarme sólo en una de ellas. Habían sido varios, concretamente dos, mis fallidos intentos con Faulkner. Era frustrante... ¿Cómo es posible que no pudiera con él? ¿Con su obra más famosa? Sabía de antemano que los primeros capítulos de El ruido y la furia eran dificiles pero que valía la pena hacer el esfuerzo porque la novela es impresionante. Ratifico lo primero pero no estoy en condiciones de hacer lo mismo con lo segundo. Esos primeros capítulos han sido más fuertes que yo, los muy condenados. Así que tenía ahí una asignatura pendiente, una piedrecita en el zapato, una espinita en el corazón... Finalmente opté por prescindir de la novela pero no del autor. ¿Y cuál ha sido mi elegida? Santuario, la novela que le resultó editorialmente más rentable, si no me he informado mal.
Santuario es una reflexión acerca de la bajeza, la cobardía, la sumisión ante las adversidades y la corruptibilidad a las que somos capaces de sucumbir.
Un abogado se ve envuelto en un caso de asesinato y violación (una violación terriblemente mezquina, dentro de la propia mezquindad de cualquier violación) tras entrar en contacto con un grupo de contrabandistas de whisky. La creencia en la Justicia lleva a Horace Benbow a defender, ante una sociedad que desea ávidamente condenar al acusado, al inocente que ha de sentarse en el banquillo. Ese cuyo futuro más probable es ir a la horca si tiene la suerte de no ser antes linchado. Incluso tiene un aire a Matar a un ruiseñor, o yo se lo he visto, o querido ver, o lo que sea, con la diferencia abismal de que en ella se transmite un sentimiento de esperanza y en Santuario, de desilusión. Benbow adivina quién ha sido el culpable, sin embargo su cliente no quiere que se le nombre en el juicio por temor a ser inmediatemente asesinado por el verdadero responsable de los crímenes, un gángster taciturno sin el menor atisbo de escrúpulos que sigue delinquiendo tranquilamente en plena libertad. El acusado sostiene, inocentemente, que como no hay pruebas evidentes contra él, no lo condenarán.

Relativamente en la línea de mis lecturas de los últimos tiempos, por el fondo, no por el argumento, me ha parecido sobradamente interesante y creo que no tardaré mucho en leer algo más de Faulkner, probablemente Los rateros, que se llevó el Pulizter en el 62. Si alguien considera que hay alguno mejor (que no sea El ruido y la furia, claro) os agradecería que me lo dijerais, lo tendré en cuenta para mi lista navideña. Ahora que vienen las pseudovacaciones supongo que postearé con más frecuencia. Tener internet a tan pocos metros es una enorme tentación.

03 noviembre, 2007

FANTOMAS

Como adelantaba el domingo pasado (por el mero hecho de dar señales de vida, básicamente) el libro que voy a comentar esta vez es Fantomas.
Hace cosa de un año, mi padre descargó una peli viejísima (que le había flipado cuando la estrenaron en el cine siendo él un niño) sobre este personaje y vi un trocito para comprobar en qué estado estaba. Me hizo reir aquel coche que de pronto se transformaba en avión. No se me ocurre nada más cutre ahora mismo. Pero claro, en los sesenta las cosas eran diferentes.
La semana pasada me encontré con el libro. Una reedición relativamente nueva de Mondari. Y me lo llevé. Pensé que no estaría mal un poco de folletín (hacía mucho tiempo que no le dedicaba tiempo al género) y que además, a lo mejor a él le apetecía echarle un vistazo.
Como se podía prever, estilísticamente no es en absoluto brillante. Argumentalmente… tampoco, no nos vamos a engañar.
Pero es adictiva.

Fantomas es un psicópata y, por consiguiente, carece de escrúpulos. No recuerdo tampoco haber visto hasta ahora a ningún otro rufián de novela tan insensible. Lupin, por ejemplo, tenía su corazoncito. O Cheri-Bibi. ¡Ah, pero no Fantomas! Este tío puede ser un ladrón y un caballero o degollar salvajemente a una anciana sin miramiento alguno (sin ir más lejos, el final de la primera entrega es chunguísimo) A él se le pueden atribuir todos aquellos casos que aparentemente no tienen solución. Los policías razonables opinan que Fantomas es fruto de una oscura leyenda urbana. No así el inspector Juve y el periodista Fandor (en la novela que inicia la saga se explica de dónde sale este personaje y cuáles son sus motivaciones para creer en la existencia del famoso criminal al que sólo la imaginación del lector pone rostro) así que dirigen todos sus esfuerzos a capturarle. Sin grandes resultados, claro. Si atrapan a Fantomas se acaba la historia.

La colección consta de 32 novelas escritas por dos amigos: Marcel Allain y Pierre Souvestre*. Inicialmente se les encargó una serie de cinco novelas, pero su éxito fue tan rotundo que no tuvieron más remedio que continuar. Comenzaron en 1911. En 1913 ya las habían publicado todas. Habréis observado que el ritmo de trabajo fue impresionante. Al parecer uno escribía los capítulos pares y el otro los impares. A esa velocidad y con semejante método, no se puede exigir mucho cuidado en el estilo. Sin embargo, encontraron la fórmula para atraer al público y causaron gran sensación. He leído por ahí que incluso Apollinaire fundó la Sociedad de amigos de Fantomas. Para ir a mear y no echar gota, ¿verdad? (¡ay, por favor! ¡Qué soez, vulgar y chabacana!) ¡Se han pintado cuadros, se han rodado películas, se han hecho cómics! Cuánto debe el arte a este enigmático personaje de la noche parisina… O no. Pero lo cierto es que ha despertado el interés de sus lectores y que todavía lo sigue haciendo. Por algo será.


* En los años treinta, tras la muerte de Souvestre, Allain publicó ocho entregas más.

28 octubre, 2007

FANTOMAS



"No se le ve, se le intuye. ¡No se le oye, se lo presiente! "


(¡Adoro el folletín! La semana que viene os cuento...

Por cierto, el cuadro es de Juan Gris y se llama Fantomas (pipe et journal) No fué el único que le dedicó un poquito de su arte: también lo hicieron Magritte, Neruda y Cortázar. Como mínimo. Al parecer este personaje dió para mucho más de lo que yo pensaba... )

13 octubre, 2007

PARA TODOS LOS PÚBLICOS

Conocí la existencia de William S. Burroughs a través de El almuerzo desnudo, de Cronenberg, la adaptación al cine de una novela “inadaptable” del, ahora lo sé, legendario escritor americano. Pensé vagamente que tal vez estaría bien leer algún otro libro suyo, por ampliar horizontes.
Pero lo pensé sin mucho entusiasmo.
Entonces empezaron a pasar los días, las semanas y, luego, los meses. Y de pronto volvía a estar husmeando en una biblioteca, buscando algo que ni siquiera puedo recordar, en esas estanterías atiborradas de libros de todos los tamaños y contenidos.
Buscando la referencia supuesta de mi libro olvidado vi otro de color morado bastante pequeñito. Y ya no vi nada más. Me pareció tan curioso que destacara de una forma tan insólita entre sus vecinos que me abalancé sobre él como si de churrasco se tratara.
Era Yonqui.
Esta novela tiene un estilo formal mucho más convencional que el resto de la mayoría de su obra. Lo dice bien clarito la Wikipedia. También dice que Burroughs consideraba al lenguaje (a su estructura más bien) la principal causa de la alienación humana (como mínimo es curioso) y por eso a partir de los años sesenta comenzó a experimentar con él. De ahí El almuerzo desnudo (menciono esta otra vez, porque es la única que conozco)
En efecto, Yonqui está escrita como la más cotidiana de las novelas. Lo cual me ha resultado muy grato, he de decir. Una muestra de ello:

“Esta es la pregunta que se plantea con más frecuencia: ¿qué hace que alguien se convierta en drogadicto?
La respuesta es que, normalmente, nadie se propone convertirse en drogadicto. Nadie se despierta una mañana y decide serlo.
(…)Uno se hace adicto a los narcóticos porque carece de motivaciones fuertes que lo lleven en cualquier otra dirección. La droga llena un vacío. Yo empecé por pura curiosidad. Luego empecé a pincharme cada vez que me apetecía. Terminé colgado. La mayor parte de los drogadictos con los que he hablado tuvieron una experiencia semejante. No empezaron a consumir drogas por ninguna razón en concreto. Quien nunca haya sido adicto no puede hacerse la idea de lo que significa necesitar droga con la tremenda intensidad de quién está enganchado. Nadie decide convertirse en yonqui. Una mañana se levanta sintiéndose muy mal y se da cuenta de que lo es.
Jamás he lamentado mi experiencia con las drogas.
(…)He aprendido la ecuación de la droga. La droga no es, como el alcohol o la hierba, un medio para incrementar el disfrute de la vida. La droga no proporciona alegría ni bienestar. Es una manera de vivir”



Quizás este fragmento sea una de las partes más emblemáticas de la novela.
Sin duda es muy ilustrativo.
La novela no es una apología de las drogas (en América sí se lo tomaron un poco así en su día) sino que cuenta de forma muy inteligente y objetiva, a pesar de tener tintes autobiográficos, una experiencia “diferente” de forma que los que no la llevamos en nuestro “Haber” podamos acercarnos a ella con una mirada nueva. No he dicho benevolente. He dicho nueva. Que conste.

Así que ya está. Otra recomendación para el saco.

Nota para alérgicos a los libros y vagos en general: Este le está gustando hasta a mi hermano, que no leía ni a tiros…Animaos.

21 septiembre, 2007

EL GRAN CAMBIAZO

No sé si le debo este gusto exagerado mío por la lectura a mi madre, que me mandaba todos los días para cama media hora antes de la de dormir con un libro bajo el brazo, o a mi profesora Chelo, que todos los días, antes de empezar la espantosa clase de matemáticas, nos leía un capítulo de algún libro.
Uno de ellos fue Charlie y la fábrica de chocolate. El primero (y esto sí lo sé seguro) que me enganchó. Mientras duró su lectura los días parecían más largos: no llegaba el momento de saber qué más le pasaba a los chavales en aquel sitio tan increíble y fantástico. Yo estaba revolucionada, impaciente, queriendo saber más. Mi compañero Martín tenía el libro en casa, así que él se iba leyendo los capítulos por adelantado. Todos los días, durante la clase de mate, le daba la paliza para que me contara qué le pasaba a Charlie en el capítulo siguiente. Por supuesto él se negaba a contármelo durante un buen rato- ¡Malditos niños!- aunque siempre acababa revelándome alguna cosilla. Llegados a ese punto, típico, ya no quería saber más.
Es lo mismo que cuando alguien que conoces tiene la temporada siguiente de Lost y tú no. Te mueres por saber más, pero en el fondo no quieres enterarte por terceros.

Desde entonces me he pasado tardes enteras intentando volver a tener la misma sensación. Y lo he conseguido muchas veces.

Así que le debo una a Roald Dahl.

Me he leído muchos otros libros suyos, magnifícos todos. El último de ellos ha caído en mis manos esta semana. Se titula, evidentemente, El gran cambiazo y está integrado por cuatro cuentos para adultos.

A juzgar por la portada uno se espera tal vez algo más picante y gracioso. No es esto exactamente lo que luego se encuentra entre sus páginas, pero lo cierto es que lo que se encuentra no está nada mal. Son macabros, inquietantes y burlescos; esto los hace divertidos aunque no arranquen más que alguna sonrisa irónica.

Todos tienen en común un tema: el sexo. Su importancia. O la importancia que se le atribuye.
El primero, El visitante, cuenta la aventura de un tipo (un follarín) en pleno desierto del Sinaí, donde por alguna triquiñuela de su anfitrión se ve obligado a pasar la noche en un increíble palacio, habitado por dos cachondas, en medio de un Oasis.
El siguiente, El gran cambiazo, cuenta la historia de dos vecinos, atraídos ambos por la mujer del otro, que deciden intercambiarse una noche de sábado sin que ellas lo sospechen siquiera (Pobre par de tontainas. El final no tiene precio.)
El tercero, El último acto, cuenta la primera experiencia sexual de una viuda deprimida, y el último, Perra, trata de un científico que da con la fórmula, con el perfume, que hace que todo hombre que lo huela tenga la imperiosoa necesidad de tirarse a una tía salvajemente.

Roald Dahl era un escritor que se caracterizaba por su desbordante imaginación. Supongo que esto es lo que lo ha hecho tan especial. Desde luego las situaciones que se le han ocurrido no se le hubiesen ocurrido a cualquiera.
Es capaz de mantener el interés durante todos los relatos que, aún encima, casi siempre tienen un final inesperado. A veces, y esto me ha pasado sobre todo con otro de sus libros, Historias extraordinarias, el final no es lo mejor del cuento pero su forma de relatarlo hace que no sea más que un pequeño detalle sin importancia.
Supongo que queda un poco hortera decirlo, pero la verdad es que este fulano nació para contar historias. Atrapa con su forma de hacerlo.
Debemos alegrarnos mucho de que no se haya dedicado a otra cosa...

12 septiembre, 2007

UNA PANTERA EN EL SÓTANO

Cuando los egipcios hablaban de Israel se referían “al pueblo de Israel”.
Cuando los judíos hablaban de Israel, se referían a la Tierra Prometida.
Sólo con esto ya se podía adivinar que iba a haber movida.
La zona a la que los judíos se referían era, en época de los egipcios (Ramses II y toda la pesca) una zona de paso que no se sabía muy bien a quién pertenecía (egipcios, filisteos, sumerios, etc.) Hasta que un buen día, los hombres de las tribus que se denominaban a sí mismos Hijos de Israel, o sea, descendientes de Jacob (según el relato bíblico, su nombre fue cambiado por el de Israel, “el que pelea con Dios”) se rebelaron, consiguiendo conquistar así la ciudad de Jericó (que era la ciudad más importante de este conflictivo territorio) y las regiones que la rodeaban.
Con todo, los judíos no dejaban de ser una tribu que poco tenía que hacer contra los grandes imperios de afán conquistador. Así, estuvieron bajo el domino de Asiria, Babilonia, Persia, Macedonia, su heredero el Imperio Seléucida, Roma y Bizancio. No hace falta decir que, salvo los seléucidas, todos fueron echando poco a poco de allí a los judíos. Especialmente los romanos.
Los judíos no estaban muy contentos con los impuestos que estos les exigían ni con algunas imposiciones religiosas que pretendían introducir. Tras una primera revuelta, los judíos se salieron con la suya; pero sólo temporalmente. Hubo dos revueltas más y al final se les expulsó masivamente del territorio. Los romanos rebautizaron a la región como Palestina.
Después de Bizancio, esta tierra fue dominada por varios estados islámicos (exceptuando el periodo de las Cruzadas, cuando se estableció el Reino de Israel) y a continuación y durante cuatro siglos (hasta 1917) perteneció al Imperio Otomano.
Entre aquella emigración masiva causada por los romanos y el final de este último imperio, evidentemente, pasaron muchas cosas. De hecho, a finales del siglo XIX, los judíos volvían a ser mayoría en Jerusalén ¿Cómo fue posible? Pues porque los judíos no se quedaron de brazos cruzados todo ese tiempo. El exilio al que se vieron sometidos tras ser expulsados por los romanos se conoce como diáspora. Los judíos que la sufrieron anhelaban regresar a su tierra y así, a lo largo de los siglos, hubo diferentes oleadas migratorias hacia allí. Pero fue justo en el XIX cuando más se notó el retorno.
En la Europa de aquella época, el esplendor de los imperios tocaba su fin, y comenzaron a surgir con fuerza los nacionalismos. En ellos se apoyaron los sionistas, que defendían que los judíos eran un grupo nacional y no un grupo religioso, por lo tanto necesitaban establecer una patria propia. ¿Dónde? En la vieja Palestina, que aún pertenecía a los turcos. Estos, por otra parte, en un principio, no estaban muy disgustados con la entrada de judíos en su territorio; al fin y al cabo los judíos tenían pasta para comprar las tierras y ellos las vendían encantados porque no consideraban que aquel territorio valiese gran cosa. A los que no les hacía tanta ilusión era a los árabes que estaban allí asentados.
Para agravar la situación, en Europa surgieron un par de corrientes más: el antisemitismo (Los nacionalistas decían “Un pueblo, un Estado” ¿Y quienes no tenían un Estado? ¡Bingo!) y el fascismo.
Así que venga a emigrar a Palestina. Y los musulmanes venga a mosquearse.
En 1917 parecía que las cosas iban a empezar a ir bien para los judíos, por fin. El Ministro de Asuntos Exteriores británico promovió la idea de que se crease allí el ansiado Estado de Israel (tenía sus razones interesadas, que nadie se piense que lo hizo por altruismo) Una vez finalizada la Primera Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones estableció allí el Mandato Británico.
Los británicos se metieron en un follón: Por un lado durante la Guerra habían prometido apoyo a los judíos y por otro prometieron a los árabes que obtendrían la independencia para crear un Estado árabe unido.
Así que los judíos estaban algo mosqueados con los ingleses.
Y los árabes también, of course.
Los árabes atacaron a las comunidades judías. Los judíos atacaron a las comunidades árabes.
Después llegó la Segunda Guerra Mundial y los británicos dieron un poquito más la espalda a los judíos abandonando la promesa de favorecer la formación del Estado Judío y dificultando la inmigración a Palestina (incluso mandaban de vuelta a Europa a muchos judíos que intentaban huir.) Su Mandato expiraría en 1948. En Palestina no resultaban nada simpáticos.

Este es justo el ambiente en el que se desarrolla la historia que cuenta Amos Oz en Una Pantera en el sótano.

Profi es un niño de unos doce años que lucha por la creación del Estado Judío en 1947. Los británicos son el enemigo, pero él accede a darle clases de hebreo a un militar a cambio de clases de inglés. Profi lo hace en realidad no sólo para aprender el idioma, sino para ayudar a la resistencia (el grupo LOM, constituido por él y un par de amiguetes) sonsacándole al británico información privilegiada. Pero su comando no lo entiende y le acusan de traidor. Profi está hecho un lío. Sobre todo porque siente simpatía por el britanico. A partir de ahí, en todos sus actos ve cierta traición hacia alguno de sus seres queridos. Hacia el británico. Hacia la hermana mayor de uno de los otros niños. Hacia sus propios padres. Y empieza a cuestionarse cosas que nunca antes se había planteado.

No sé si hace falta que diga, con lo blandurrona que estoy últimamente, que este libro también me ha gustado mucho. Me lo leí juntando horas de un día (no llega a las doscientas páginas). Su prosa está muy bien construida, sin adornos superfluos, como a mí me gusta. Está contada con ternura, pero no de forma ñoña.
Y, lo mejor de todo, es un libro que da que pensar...

NOTA: Todo ese rollo histórico lo he soltado por si alguien le pasaba lo que a mí, o sea, por si estaba muy verde en el tema.
Cada vez que veía el telediario (y esto es desde hace mucho tiempo) ponía cara de haberle dado un mordisco a un limón mientras me preguntaba "¿Pero de dónde sale todo esto?" Así que este libro me ha dado el "empujoncito" para enterarme del todo (sólo tenía nociones confusas de la historia a partir de los setenta, que no era mucho...)
En fin, ahí queda.

10 septiembre, 2007

¡Y QUE NO SE ME SUBA A LA CABEZA!

Pues vaya.
No sabía que fuera tan complicado esto de escribir un discursito (a partir de ahora pondré todos mis esfuerzos en luchar por la paz en el mundo, y por salvar a las ballenas blabla). Pero lo és. Así que simplemente voy a darle las gracias a Francisco Machuca por concederme el Thinking Blogger Award.
Porque, agarraos al asiento, eso es justo lo que ha hecho.



Ayer por la noche, cuando me enteré, iba de camino a mi cama transportada en una nubecilla de sueño intentando que mi conversación telefónica le pareciera coherente a mi interlocutor, así que no asimilé muy bien de qué iba esto del premio. Soy una chica, puedo hacer más de una cosa a la vez, cierto. Pero tengo el pelo castaño claro y con el sol (y los miserables rayos que se filtran por la ventana son suficientes para ello) me salen unos horribles mechones rubios. No se le pueden pedir peras al olmo... es mi sino.

Total, que ahora ya sé de que va la historia.
El Thinking Blogger Award (esto de que esté en inglés me encanta, me siento una Philip Roth de la vida) es un premio que se conceden los bloggers entre sí. Se premian aquellos blogs que le dan a uno algo en qué pensar. Y cada premiado debe conceder, a su vez, el premio a otros cinco blogs. Así que ahí van los míos:

Uno para La mar de libros, porque me ha encantado su idea de poner pasajes de autores. Y porque me han gustado mucho los pasajes que ha elegido.
http://mardelibros.blogspot.com/

Otro para La fraternidad de Babel, porque escribe con agilidad, como a mí me gusta, y porque algunas veces habla de cosas que no conozco, picando mi curiosidad.
http://www.fraternidadbabel.blogspot.com/

Uno más para mi vecino el informático, Silencio, por favor, porque es el blog de cine que más me ha gustado hasta ahora, porque me parece un blog muy prometedor y porque espero que algún día haga una crítica muy positiva sobre alguna peli que yo odie para poder rajar a gusto (esto a lo mejor sólo lo comprenden los pobres incautos que me conocen y, a pesar de ello, siguen teniendo trato conmigo; los que comprenden que para mí es importante tener a alguién con quién discutir simplemente por el mero placer de hacerlo y porque siempre se aprende algo)
http://silencio-porfavor.blogspot.com/

Otro para Huesos de sepia, porque es capaz de despertar, a veces, mi admiración por su forma de escribir (¡y tan joven! ---> Comentario de abuela)
http://huesosdesepia.blogspot.com/

Y at last, but not least Perdida entre libros, por ponerme los dientes largos con sus lecturas; por descubrirme a autores que tardaría mucho teimpo en descubrir por mi misma.
http://perdidaentrelibros.blogspot.com/

Listo.

Un agradecimiento más, esta vez a Diego, Tania, Miguel y Jorge por no actualizar nunca, facilitándome así la elección de los blogs que he premiado (esta frase está llena de resquemor, por si no os habéis dado cuenta)

Saludos para todos los que me leeis y un beso para cada uno (qué demonios... hoy me siento generosa)

05 septiembre, 2007

DINERO. MARTIN AMIS


John Self está forrado. Ha rodado varios spots para la tele y ahora va a dar el gran salto: el cine. Nueva York. Por eso se pasa la vida viajando entre Londres, donde vive, y la gran ciudad americana, donde se están haciendo todos los preparativos para ese nuevo reto. La tarea no es sencilla, sobretodo cuando los actores son estrellas caprichosas como los suyos; cuando el guión es el problema… es un gran problema.
Pero no el único.

John Self es un tipo muy peculiar. Gana dinero con mucha facilidad, y lo gasta con la misma… sus principales inversiones son el alcohol, la comida basura y la pornografía. Este estilo de vida le trae algunas complicaciones: su novia sólo lo quiere por su dinero (lo cual no intenta disimular, o hay cheque o no hay polvo, ni a él parece importarle demasiado. Cree que el dinero es el motor del mundo. Y lo es, al menos del suyo), peleas nocturnas, llamadas telefónicas amenazantes, etc. Como para no dormir de noche…. (cosa que no hace, porque se las pasa en bares y burdeles, con sus consecuentes anécdotas)
Y mientras, el dinero fluye como la vida misma.

Me ha gustado mucho esta novela. De acuerdo que tal vez mi sinopsis no sea la mejor. Pero os la recomiendo. ¿Por qué? Porque es una novela muy divertida. A carcajadas me reía yo solita tirada en el sofá. Especialmente en la segunda mitad. Hacía tiempo que no dedicaba mi tiempo de lectura a novelas tan divertidas como este último año.

Para conseguir que simpaticemos con este personaje tan infame y vil (el tío es un chungo, no hay por donde cogerlo) Martin Amis (que además de escritor, se convierte también en personaje de su novela) pone el relato en boca del propio John Self, en un monólogo en el que invoca al lector, pidiendo nuestra complicidad o, más bien, nuestra piedad. Porque en realidad, aunque lo haga como lo hace, con parodias de sí mismo, con cinismo, con burla despreocupada, lo que cuenta John Self es una tragedia. Bueno, puntualicemos esto. Es, más bien, lo que podríamos llamar una tragedia. No sé si dejo claro el matiz. Para el protagonista es una tragedia, para el lector no. Imagino que esto se debe a que hay mucha distancia entre su vida y una vida normal, por lo tanto, el grado de identificación es…nulo. O muy pequeño. Espero.

Al Martin Amis este no lo conocía de antes tampoco (¡cuántos descubrimientos en tan poco tiempo…!) Me lo recomendó la dueña de la librería donde lo compré. Al parecer es un tío muy polémico y hay por Internet algunas entrevistas que se le han hecho últimamente. Desde luego, parece muy mordaz. Nació en 1949 y lleva publicados un buen montoncito de libros desde 1973. Casi todos están en Anagrama (lo digo por si a alguien se le ocurre echarle un vistazo)

Y nada más, de momento, como siempre. Me tengo que ir a estudiar (noquiero-noquiero-noquiero)

25 agosto, 2007

DÍAS MEMORABLES

Acuciada por la, llamémosla fiebre, que este verano han sufrido varios de mis bloggers habituales, me he leído Días memorables, de Michael Cunnigham. Hace un par de meses ni siquiera me sonaba su nombre ¡Qué cosas!
La cuestión es que lo mencionaron en algún lugar y me llamó bastante la atención (no sé muy bien porqué), así que me dije que si algún día tenía la oportunidad, lo leería. La oportunidad llegó mucho antes de lo que había imaginado: unos días después de todo aquello entré en una librería en busca de un par de regalitos y fué practicamente lo primero que vi. Estaba en uno de esos chismes giratorios en los que ponen las ediciones de bolsillo. Entré por la puerta, giré a la derecha y mis ojos se posaron casualmente en él. Quise interpretarlo como una señal divina ¡Qué demonios!
Aún tardé algún tiempo en ponerle la zarpa encima, porque pretendía reservarlo para el invierno pero como me lo "encontraba" en tantos blogs, no pude esperar más...

La novela está integrada por tres relatos unidos por la poesía de Walt Whitman (un fulano americano del siglo XVIII, para los que estéis a mi precario nivel cultural), Nueva York, deformidades infantiles y un cuenco de porcelana blanca con inscripciones indescifrables. Sí, cosas muy dispares para tener en común, yo pienso lo mismo.

El primero de los relatos me gustó al principio pero unas páginas más adelante empezó a molestarme un poco el hecho de estar salpicado con ese rollo típico de los autores americanos: meter tópicos que resultan un tanto artificiales (no me canso de decirlo pero es que me parece el lastre de gente como Auster. Lo que marca la diferencia entre que "me encante" y que piense que "está bien")
O sea, se dejó leer pero sin pena ni gloria.

El segundo, lo reconozco, me enganchó. No me entusiasmó el final, es verdad, pero antes de llegar a él no quería dejar de leerlo. Ni que se acabara. Quería estar tirada en mi sofá durante horas y horas, en ese estado de abstracción que tanto echaba de menos cuando tenía que estrar haciendo otra cosa. Que por cada hoja que leyera, al libro le nacieran tres más. Esto no significa tampoco que sea lo mejor que he leído en mucho tiempo. Simplemente fue un soplo de aire fresco después de la densidad de Virginia Wolf (...) y de alguna otra cosilla en la que no pude meterme con tanta facilidad.

Porque gustar, lo que se dice gustar, el que me gustó fue el último. Algo insospechable ya que es un cuento de ciencia-ficción. Bueno, VALE, ciencia-ficción light. Pero me ha parecido estupendo... Supongo que en gran parte justo por ser light. No me llevo demasiado bien con la ciencia-ficción. Suele requerir grandes dosis de imaginación y ahí voy escasa.

Paso de contar de qué va cada uno, que me da mucha pereza...
Averiguarlo ya depende de vosotros... si es que os apetece...

21 agosto, 2007

HOLA Y ADIÓS


Dejo aquí un texto de uno de las grandes figuras literarias del siglo XX: Ray Bradbury.

Es un cuento que encontré por aquí y que me ha gustado mucho, tanto por su estilo (que, viniendo de quién viene, no tiene nada de sorprendente) como por el tema que trata: la vida eterna...

Es bastante largo, así que dejo el link.



Una pequeña aclaración: Que conste que esto no es vagancia; es que tengo menos tiempo para leer y además estoy con libros de esos que necesitan un poco de moral y voluntad para ser leídos y reflexión y tiempo para ser comentados. Me estresa tener que escribir sobre ellos...


¡Espero que os guste el cuento!

31 julio, 2007

UNAS PISTAS, NADA MÁS

Se acaba julio. Qué pena, ¿no? Qué corto...

Bien, toca hacer el último post del mes.
(Acabo de darme cuenta: me encanta esa frase, siginfica que he hecho otros antes...)

En fin, al meollo de la cuestión: ya que me lo puedo permitir, voy a volver a la vieja costumbre. O sea, a hablar de varias cosas:




Cosa I:
Me he lanzado a la piscina, y me he leído directamente el de Vian. A lo loco, que para eso soy joven. Es absolutamente genial: se lee rapidísimo (porque es corto y porque engancha), es diferente a los anteriores (que a su vez eran diferentes entre sí, de lo que se deduce que este Vian era un tipo creativo, polifacético y muchos otros adjetivos guays que no voy a decir porque tampoco es cuestión de ir por ahí alabando sin mesura) y aún por encima es muy gracioso (me he partido de risa con algunos detalles, especialmente en los primeros capítulos) ¿Qué más se puede pedir para pasar un buen rato? ¡Ah, si! ¡Camarerooooo!
En serio, si aún queda alguien sobre el planeta que no haya leído a este fulano, que lo haga ahora o se vaya a buscar marcianos con Spielberg...
El título, por cierto: Con las mujeres no hay manera.

Cosa II:
Mr. Vértigo, mi cuarto escarceo con Paul Auster (a parte de los que había comentado, me leí después El país de las últimas cosas) Lo he leído a trozos, no a capítulos, así que probablemente tenga una visión deformada de él: me ha parecido que renqueaba un poco, bastantes altibajos argumentales. De todos modos, esta bien. Sin ser una maravilla, claro. Desde luego, quien disfrute con Auster sabrá apreciarlo. Pero, para mí, sigue ganando El libro de las ilusiones.

Cosa III:
Otro cuento-novela de Stefan Zweig: Carta de una desoconocida. Vi la peli (Carta de una desconocida, Max Olphüs, 1948) el año pasado y me me pareció interesante, notable. Aunque la adaptación es buena, el libro es mejor. Claro, para algo es una carta. Me parece muy admirable y digno de apreciar el mérito que tiene escribir una historia de amor como esta sin caer en la cursilería. Un aplauso, por favor.

y

Cosa IV:
Estoy en ella. Se trata de un libro de relatos de Henry James y, de momento, el que más me ha gustado es La edad madura, que trata de un anciano escritor moribundo que encuentra a un fiel admirador en sus últimas semanas y, con él, una esperanza. Está increiblemente escrito. ¡Que manera tenía de componer las frases este hombre! ¡yo también quiero! No había leído nada de H.James antes, pero tenía ganas...


Se acabaron las cosas. Ya no tengo nada más que decir. Además hace sol, así que... Bueno, ya sabéis: Colorín, colorado, este post se ha acabado.

22 julio, 2007

FACTOTUM

¡Ay, Bukowski, Bukowski!

Había oído maravillas de él.
“Si te gusta Miller, te gustará Bukowsky” “¡Oh! ¿En serio? Me encanta Miller”
Y ahí va, la ingenua de Anikaa, perdiendo los pantalones, corriendo a comprarse Factotum.

No hace falta ser un lince para colegir que estoy un poco decepcionada. No digo que no esté bien, pero me ha parecido que le falta algo… Creo que es un pelín aburrido. Una cosa es que la temática (ese hombre desencantado al que todo le importa un carajo: ni trabajo, ni familia ni nada que tenga que ver con lo socialmente estipulado) sea la de los Trópicos y otra, es que se mezclen churras con meninas. Tenía entendido que Bukowski era muy ácido y he visto que tampoco es para tanto. Aún encima esta novela se hace monótona, no hay sorpresas, no hay giros...

No he podido evitar partirme de risa interiormente al leer comentarios de gente que dice que está lleno de lucidez y que este libro les ha abierto los ojos. Todas las opiniones son respetables, cierto es, pero estas me han chirrado. A estas alturas sólo hay que tirar de manual para poder decir algo así y me suena a pseudointelectualismo chungo (sí, lo sé, soy una bruja. A veces la pequeña dictadora intolerante que llevo dentro me sale por los dedos, no puedo evitarlo. Debería ser más cuidadosa para tener más amiguitos)

Soy conciente de que Bukowski levanta pasiones y de que el 99.9% no estará de acuerdo con lo que estoy diciendo, pero yo lo veo claro: Bukowski imita a Miller y aunque no lo hace mal del todo, le falta la calidad literaria que Miller rezuma en todas sus páginas.

Hubo unas frases de la novela, con todo, que me parecieron muy buenas:

“Vagabundos e indolentes, todos los que allí trabajábamos sabíamos que teníamos los días contados. Así que andábamos relajados y aguardábamos a que descubriesen lo ineptos que éramos. Mientras tanto, vivíamos integrados en tal sistema, les dábamos unas pocas horas de honestidad y bebíamos juntos por las noches.”

A lo mejor lo que está pasando (hay que analizar todas las posibilidades) es que estoy dándome un atracón de este tipo de literatura y los excesos ya se sabe a dónde llevan. Averiguaré si se trata de esto en nada, porque me he comprado otro de Vian. Si Vian me cansa, entonces está claro que me pasado de la raya con el pobrecito Bukowski. Ya veremos. De todos modos, puede que algún día, después de muchos libros, me anime a intentarlo de nuevo. Quizás lo he juzgado precipitadamente.

P.D (en un susurro): o no...

16 julio, 2007

MÚSICA PARA CAMALEONES


Tenía entendido que, despues de pasarse seis años dedicado a su gran éxito literario, Truman Capote había bajado el nivel. Yo no he leído A sangre fría. Lo confieso. Era uno de aquellos libros de mis eternas "listas de pendientes" pero después de que hicieran la peli (que tampoco he visto) se me quitó la ilusión. Soy consciente de la enorme chorrada que esto constituye. Pero era así...
Lo que sí leí, hace algunos años, es El arpa de hierba. No me entusiasmó, no me llamó la atención especialmente y tengo un recuerdo bastante difuso de ella. Dudo bastante que sea culpa de la novela y lo atribuyo a que quizás no la leí con demasiado interés. La historia trataba de una huelga (de la que no recuerdo la causa) que llevaba a un chaval y a su cándida tía a pasar varios días en la típica “casa del árbol”. A partir de esta pequeña revolución, Capote cuenta la reacción del resto del pueblo, la vida de los vecinos que se reunían bajo aquel árbol que antes había sido tan solitario. O algo así.
Era una prosa tan poética…
La semana pasada eché un vistazo a las publicaciones de bolsillo de Anagrama. De vez en cuando, los libros de esa colección (que me parece muy, muy buena) son un capricho que me puedo permitir. Aunque me costó decidirme, finalmente lo hice por Música para camaleones. Es una recopilación de relatos, una novela corta llamada Ataúdes tallados a mano que, según dicen, rivaliza con la mismísima A sangre fría (sinceramente, espero que A Sangre fría esté mejor, no porque esta otra no me haya gustado sino porque no me parece que sea para tanto) y una tercera parte, “Conversaciones y relatos” que es, para mi gusto y sin lugar a dudas, lo mejor del libro. Si un fulano que está “de capa caída” es capaz de escribir tan genialmente, de hacer unos “documentales” como estos, entonces creo que definitivamente no voy a poder leer su obra maestra. No sin que me dé algo mientras leo.
Hay dos historias, concretamente, que me parecen excepcionales; la primera, Un día de trabajo, en la que el autor acompaña a su asistenta a los otros domicilios donde limpia: es un paseito por algunos personajes neoyorquinos. El otro se llama Y luego ocurrió todo. En este, Capote acude a la cárcel para entrevistar a Robert Beausoil, un tío relacionado con la familia Manson, los bestias que se cargaron a la mujer de Polanski y a sus amigos. Supongo que el interés de esta historia radica para mí en el hecho de que sabía muy poco sobre el tema y me ha alentado a que me informe. Sobre esto y también sobre los asesinatos de Robert y John Kennedy (aunque este tema lo toca muy de refilón)
Ahora bien, en todos ellos, la prosa está tan maravillosamente dirigida, la narración es tan clara y tan ordenada, que uno no puede hacer otra cosa que entender porqué Capote está considerado uno de los mejores escritores americanos del siglo XX.
Decían de él que era un “amigo de doble filo” precisamente por su capacidad de observar lo que le rodeaba y escribirlo después sin adornos amables ni rastro de piedad hacia los protagonistas, por muy famosos o muy amigos que fueran.
Capote era un genio, no un santo...

05 julio, 2007

CUENTO PARA NIÑOS


Curioseando por "El sentido de la vida" (blog relativamente famoso y especialmente divertido) me he encontrado con un post bastante reciente en el que habla de Chuck Palahniuk. En realidad no es que hable demasiado de él, sino que deja allí un relato suyo para que los lectores juzguemos por nosotros mismos. Yo hago lo mismo. No he podido resistirme. ¡Es que me dejó impresionada! Lo leí ayer por la noche y ya se me ha pasado un poco la sensación que me acompañó durante y después de su lectura, pero aun así, ahora que vuelo a pensar en él, mi estómago se encoge un poquito. Es tan... ¿sobrecogedor?Tengo dudas sobre si esa es la palabra. Tenéis que perdonarme. Me ha dejado sin ellas.

TRIPAS

Tomen aire.
Tomen tanto aire como puedan. Esta historia debería durar el tiempo que logren retener el aliento, y después un poco más. Así que escuchen tan rápido como les sea posible.
Cuando tenía trece años, un amigo mío escuchó hablar del “pegging”. Esto es cuando a un tipo le meten un pito por el culo. Si se estimula la próstata lo suficientemente fuerte, el rumor dice que se logran explosivos orgasmos sin manos. A esa edad, este amigo es un pequeño maníaco sexual. Siempre está buscando una manera mejor de estar al palo. Se va a comprar una zanahoria y un poco de jalea para llevar a cabo una pequeña investigación personal. Después se imagina cómo se va a ver la situación en la caja del supermercado, la zanahoria solitaria y la jalea moviéndose sobre la cinta de goma. Todos los empleados en fila, observando. Todos viendo la gran noche que ha planeado.
Entonces mi amigo compra leche y huevos y azúcar y una zanahoria, todos los ingredientes para una tarta de zanahorias. Y vaselina.
Como si se fuera a casa a meterse una tarta de zanahorias por el culo.
En casa, talla la zanahoria hasta convertirla en una contundente herramienta. La unta con grasa y se la mete en el culo. Entonces, nada. Ningún orgasmo. Nada pasa, salvo que duele.
Entonces la madre del chico grita que es hora de la cena. Le dice que baje inmediatamente.
El se saca la zanahoria y entierra esa cosa resbaladiza y mugrienta entre la ropa sucia debajo de su cama.
Después de la cena va a buscar la zanahoria, pero ya no está allí. Mientras cenaba, su madre juntó toda la ropa sucia para lavarla. De ninguna manera podía encontrar la zanahoria, cuidadosamente tallada con un cuchillo de su cocina, todavía brillante de lubricante y apestosa.
Mi amigo espera meses bajo una nube oscura, esperando que sus padres lo confronten. Y nunca lo hacen. Nunca. Incluso ahora, que ha crecido, esa zanahoria invisible cuelga sobre cada cena de Navidad, cada fiesta de cumpleaños. Cada búsqueda de huevos de Pascua con sus hijos, los nietos de sus padres, esa zanahoria fantasma se cierne sobre ellos. Ese algo demasiado espantoso para ser nombrado.
Los franceses tienen una frase: “ingenio de escalera”. En francés, esprit de l’escalier. Se refiere a ese momento en que uno encuentra la respuesta, pero es demasiado tarde. Digamos que usted está en una fiesta y alguien lo insulta. Bajo presión, con todos mirando, usted dice algo tonto. Pero cuando se va de la fiesta, cuando baja la escalera, entonces, la magia. A usted se le ocurre la frase perfecta que debería haber dicho. La perfecta réplica humillante. Ese es el espíritu de la escalera.
El problema es que los franceses no tienen una definición para las cosas estúpidas que uno realmente dice cuando está bajo presión. Esas cosas estúpidas y desesperadas que uno en verdad piensa o hace.
Algunas bajezas no tienen nombre. De algunas bajezas ni siquiera se puede hablar.
Mirando atrás, muchos psiquiatras expertos en jóvenes y psicopedagogos ahora dicen que el último pico en la ola de suicidios adolescentes era de chicos que trataban de asfixiarse mientras se masturbaban. Sus padres los encontraban, una toalla alrededor del cuello, atada al ropero de la habitación, el chico muerto. Esperma por todas partes. Por supuesto, los padres limpiaban todo. Le ponían pantalones al chico. Hacían que se viera... mejor. Intencional, al menos. Un típico triste suicidio adolescente.
Otro amigo mío, un chico de la escuela con su hermano mayor en la Marina, contaba que los tipos en Medio Oriente se masturban distinto a como lo hacemos nosotros. Su hermano estaba estacionado en un país de camellos donde los mercados públicos venden lo que podrían ser elegantes cortapapeles. Cada herramienta es una delgada vara de plata lustrada o latón, quizá tan larga como una mano, con una gran punta, a veces una gran bola de metal o el tipo de mango refinado que se puede encontrar en una espada. Este hermano en la Marina decía que los árabes se ponen al palo y después se insertan esta vara de metal dentro de todo el largo de su erección. Y se masturban con la vara adentro, y eso hace que masturbarse sea mucho mejor. Más intenso.
Es el tipo de hermano mayor que viaja por el mundo y manda a casa dichos franceses, dichos rusos, útiles sugerencias para masturbarse. Después de esto, un día el hermano menor falta a la escuela. Esa noche llama para pedirme que le lleve los deberes de las próximas semanas. Porque está en el hospital.
Tiene que compartir la habitación con viejos que se atienden por sus tripas. Dice que todos tienen que compartir la misma televisión. Su única privacidad es una cortina. Sus padres no lo visitan. Por teléfono, dice que sus padres ahora mismo podrían matar al hermano mayor que está en la Marina.
También dice que el día anterior estaba un poco drogado. En casa, en su habitación, estaba tirado en la cama, con una vela encendida y hojeando revistas porno, preparado para masturbarse. Todo esto después de escuchar la historia del hermano en la Marina. Esa referencia útil acerca de cómo se masturban los árabes. El chico mira alrededor para encontrar algo que podría ayudarlo. Un bolígrafo es demasiado grande. Un lápiz, demasiado grande y duro. Pero cuando la punta de la vela gotea, se logra una delgada y suave arista de cera. La frota y la moldea entre las palmas de sus manos. Larga y suave y delgada.
Drogado y caliente, se la introduce dentro, más y más profundo en la uretra. Con un gran resto de cera todavía asomándose, se pone a trabajar.
Aun ahora, dice que los árabes son muy astutos. Que reinventaron por completo la masturbación. Acostado en la cama, la cosa se pone tan buena que el chico no puede controlar el camino de la cera. Está a punto de lograrlo cuando la cera ya no se asoma fuera de su erección.
La delgada vara de cera se ha quedado dentro. Por completo. Tan adentro que no puede sentir su presencia en la uretra.
Desde abajo, su madre grita que es hora de la cena. Dice que tiene que bajar de inmediato. El chico de la cera y el chico de la zanahoria son personas diferentes, pero tienen vidas muy parecidas.
Después de la cena, al chico le empiezan a doler las tripas. Es cera, así que se imagina que se derretirá adentro y la meará. Ahora le duele la espalda. Los riñones. No puede pararse derecho.
El chico está hablando por teléfono desde su cama de hospital, y de fondo se pueden escuchar campanadas y gente gritando. Programas de juegos en televisión.
Las radiografías muestran la verdad, algo largo y delgado, doblado dentro de su vejiga. Esta larga y delgada V dentro suyo está almacenando todos los minerales de su orina. Se está poniendo más grande y dura, cubierta con cristales de calcio, golpea y desgarra las suaves paredes de su vejiga, obturando la salida de su orina. Sus riñones están trabados. Lo poco que gotea de su pene está rojo de sangre.
El chico y sus padres, toda la familia mirando las radiografías con el médico y las enfermeras parados allí, la gran V de cera brillando para que todos la vean: tiene que decir la verdad. La forma en que se masturban los árabes. Lo que le escribió su hermano en la Marina. En el teléfono, ahora, se pone a llorar.
Pagaron la operación de vejiga con el dinero ahorrado para la universidad. Un error estúpido, y ahora jamás será abogado. Meterse cosas adentro. Meterse dentro de cosas. Una vela en la pija o la cabeza en una horca, sabíamos que serían problemas grandes.
A lo que me metió en problemas a mí lo llamo “Bucear por perlas”. Esto significaba masturbarse bajo el agua, sentado en el fondo de la profunda piscina de mis padres. Respiraba hondo, con una patada me iba al fondo y me deshacía de mis shorts. Me quedaba sentado en el fondo dos, tres, cuatro minutos.
Sólo por masturbarme tenía una gran capacidad pulmonar. Si hubiera tenido una casa para mí solo, lo habría hecho durante tardes enteras.
Cuando finalmente terminaba de bombear, el esperma colgaba sobre mí en grandes gordos globos lechosos.
Después había más buceo, para recolectarla y limpiar cada resto con una toalla. Por eso se llamaba “bucear por perlas”. Aun con el cloro, me preocupaba mi hermana. O, por Dios, mi madre.
Ese solía ser mi mayor miedo en el mundo: que mi hermana adolescente virgen pensara que estaba engordando y diera a luz a un bebé de dos cabezas retardado. Las dos cabezas me mirarían a mí. A mí, el padre y el tío. Pero al final, lo que te preocupa nunca es lo que te atrapa.
La mejor parte de bucear por perlas era el tubo para el filtro de la pileta y la bomba de circulación. La mejor parte era desnudarse y sentarse allí.
Como dicen los franceses, ¿a quién no le gusta que le chupen el culo? De todos modos, en un minuto se pasa de ser un chico masturbándose a un chico que nunca será abogado.
En un minuto estoy acomodado en el fondo de la piscina, y el cielo ondula, celeste, através de un metro y medio de agua sobre mi cabeza. El mundo está silencioso salvo por el latido del corazón en mis oídos. Los shorts amarillos están alrededor de mi cuello por seguridad, por si aparece un amigo, un vecino o cualquiera preguntando por qué falté al entrenamiento de fútbol. Siento la continua chupada del tubo de la pileta, y estoy meneando mi culo blanco y flaco sobre esa sensación. Tengo aire suficiente y la pija en la mano. Mis padres se fueron a trabajar y mi hermana tiene clase de ballet. Se supone que no habrá nadie en casa durante horas.
Mi mano me lleva casi al punto de acabar, y paro. Nado hacia la superficie para tomar aire. Vuelvo a bajar y me siento en el fondo. Hago esto una y otra vez.
Debe ser por esto que las chicas quieren sentarse sobre tu cara. La succión es como una descarga que nunca se detiene. Con la pija dura, mientras me chupan el culo, no necesito aire. El corazón late en los oídos, me quedo abajo hasta que brillantes estrellas de luz se deslizan alrededor de mis ojos. Mis piernas estiradas, la parte de atrás de las rodillas rozando fuerte el fondo de concreto. Los dedos de los pies se vuelven azules, los dedos de los pies y las manos arrugados por estar tanto tiempo en el agua.
Y después dejo que suceda. Los grandes globos blancos se sueltan. Las perlas. Entonces necesito aire. Pero cuando intento dar una patada para elevarme, no puedo. No puedo sacar los pies. Mi culo está atrapado.
Los paramédicos de emergencias dirán que cada año cerca de 150 personas se quedan atascadas de este modo, chupadas por la bomba de circulación. Queda atrapado el pelo largo, o el culo, y se ahoga. Cada año, cantidad de gente se ahoga. La mayoría en Florida.
Sólo que la gente no habla del tema. Ni siquiera los franceses hablan acerca de todo. Con una rodilla arriba y un pie debajo de mi cuerpo, logro medio incorporarme cuando siento el tirón en mi culo. Con el pie pateo el fondo. Me estoy liberando pero al no tocar el concreto tampoco llego al aire. Todavía pateando bajo el agua, revoleando los brazos, estoy a medio camino de la superficie pero no llego más arriba. Los latidos en mi cabeza son fuertes y rápidos.
Con chispas de luz brillante cruzando ante mis ojos me doy vuelta para mirar... pero no tiene sentido. Esta soga gruesa, una especie de serpiente azul blancuzca trenzada con venas, ha salido del desagüe y está agarrada a mi culo. Algunas de las venas gotean rojo, sangre roja que parece negra bajo el agua y se desprende de pequeños rasguños en la pálida piel de la serpiente. La sangre se disemina, desaparece en el agua, y bajo la piel delgada azul blancuzca de la serpiente se pueden ver restos de una comida a medio digerir.
Esa es la única forma en que tiene sentido. Algún horrible monstruo marino, una serpiente del mar, algo que nunca vio la luz del día, se ha estado escondido en el oscuro fondo del desagüe de la pileta, y quiere comerme.
Así que la pateo, pateo su piel resbalosa y gomosa y llena de venas, pero cada vez sale más del desagüe. Ahora quizá sea tan larga como mi pierna, pero aún me retiene el culo. Con otra patada estoy a unos dos centímetros de lograr tomar aire. Todavía sintiendo que la serpiente tira de mi culo, estoy a un centímetro de escapar.
Dentro de la serpiente se pueden ver granos de maíz y maníes. Se puede ver una brillante bola anaranjada. Es la vitamina para caballos que mi padre me hace tomar para que gane peso. Para que consiga una beca gracias al fútbol. Con hierro extra y ácidos grasos omega tres. Ver esa pastilla me salva la vida.
No es una serpiente. Es mi largo intestino, mi colon, arrancado de mi cuerpo. Lo que los doctores llaman prolapso. Mis tripas chupadas por el desagüe.
Los paramédicos dirán que una bomba de agua de piscina larga 360 litros de agua por minuto. Eso son unos 200 kilos de presión. El gran problema es que por dentro estamos interconectados. Nuestro culo es sólo la parte final de nuestra boca. Si me suelto, la bomba sigue trabajando, desenredando mis entrañas hasta llegar a mi boca. Imaginen cagar 200 kilos de mierda y podrán apreciar cómo eso puede destrozarte.
Lo que puedo decir es que las entrañas no sienten mucho dolor. No de la misma manera que duele la piel. Los doctores llaman materia fecal a lo que uno digiere. Más arriba es chyme, bolsones de una mugre delgada y corrediza decorada con maíz, maníes y arvejas.
Eso es la sopa de sangre y maíz, mierda y esperma y maníes que flota a mi alrededor. Aún con mis tripas saliendo del culo, conmigo sosteniendo lo que queda, aún entonces mi prioridad era volver a ponerme el short. Dios no permita que mis padres me vean la pija.
Una de mis manos está apretada en un puño alrededor de mi culo, la otra arranca el short amarillo del cuello. Pero ponérmelos es imposible.
Si quieren saber cómo se sienten los intestinos, compren uno de esos condones de piel de cabra. Saquen y desenrrollen uno. Llénenlo con mantequilla de maní, cúbranlo con lubricante y sosténganlo bajo el agua. Después traten de rasgarlo. Traten de abrirlo en dos. Es demasiado duro y gomoso. Es tan resbaladizo que no se puede sostener. Un condón de piel de cabra, eso es un intestino común.
Ven contra lo que estoy luchando.
Si me dejo ir por un segundo, me destripo.
Si nado hacia la superficie para buscar una bocanada de aire, me destripo.
Si no nado, me ahogo.
Es una decisión entre morir ya mismo o dentro de un minuto. Lo que mis padres encontrarán cuando vuelvan del trabajo es un gran feto desnudo, acurrucado sobre sí mismo. Flotando en el agua sucia de la piscina del patio. Sostenido por atrás por una gruesa cuerda de venas y tripas retorcidas. El opuesto de un adolescente que se ahorca cuando se masturba. Este es el bebé que trajeron del hospital trece años atrás. Este es el chico para el que deseaban una beca deportiva y un título universitario. El que los cuidaría cuando fueran viejos. Aquí está el que encarnaba todas sus esperanzas y sueños. Flotando, desnudo y muerto. Todo alrededor, grandes lechosas perlas de esperma desperdiciada.
Eso, o mis padres me encontrarán envuelto en una toalla ensangrentada, desmayado a medio camino entre la piscina y el teléfono de la cocina, mis desgarradas entrañas todavía colgando de la pierna de mis shorts amarillos. Algo de lo que ni los franceses hablarían.
Ese hermano mayor en la Marina nos enseñó otra buena frase. Rusa. Cuando nosotros decimos: “Necesito eso como necesito un agujero en la cabeza”, los rusos dicen: “Necesito eso como necesito un diente en el culo”. Mne eto nado kak zuby v zadnitse. Esas historias sobre cómo los animales capturados por una trampa se mastican su propia pierna; cualquier coyote puede decir que un par de mordiscos son mucho mejores que morir.
Mierda... aunque seas ruso, algún día podrías querer esos dientes. De otra manera, lo que tenés que hacer es retorcerte, dar vueltas. Enganchar un codo detrás de la rodilla y tirar de esa pierna hasta la cara. Morder tu propio culo. Uno se queda sin aire y mordería cualquier cosa con tal de volver a respirar.
No es algo que te gustaría contarle a una chica en la primera cita. No si querés besarla antes de ir a dormir. Si les cuento qué gusto tenía, nunca nunca volverían a comer calamares.
Es difícil decir qué les disgustó más a mis padres: cómo me metí en el problema o cómo me salvé. Después del hospital, mi madre dijo: “No sabías lo que hacías, amor. Estabas en shock”. Y aprendió a cocinar huevos pasados por agua.
Toda esa gente asqueada o que me tiene lástima... la necesito como necesito dientes en el culo.
Hoy en día, la gente me dice que soy demasiado delgado. En las cenas, la gente se queda silenciosa o se enoja cuando no como la carne asada que prepararon. La carne asada me mata. El jamón cocido. Todo lo que se queda en mis entrañas durante más de un par de horas sale siendo todavía comida. Chauchas o atún en lata, me levanto y me los encuentro allí en el inodoro.
Después de sufrir una disección radical de los intestinos, la carne no se digiere muy bien. La mayoría de la gente tiene un metro y medio de intestino grueso. Yo tengo la suerte de conservar mis quince centímetros. Así que nunca obtuve una beca deportiva, ni un título. Mis dos amigos, el chico de la cera y el de la zanahoria, crecieron, se pusieron grandotes, pero yo nunca llegué a pesar un kilo más de lo que pesaba cuando tenía trece años. Otro gran problema es que mis padres pagaron un montón de dinero por esa piscina. Al final mi padre le dijo al tipo de la piscina que fue el perro. El perro de la familia se cayó al agua y se ahogó. El cuerpo muerto quedó atrapado en el desagüe. Aun cuando el tipo que vino a arreglar la piscina abrío el filtro y sacó un tubo gomoso, un aguachento resto de intestino con una gran píldora naranja de vitaminas aún dentro, mi padre sólo dijo: “Ese maldito perro estaba loco”. Desde la ventana de mi pieza en el primer piso podía escuchar a mi papá decir: “No se podía confiar un segundo en ese perro...”.
Después mi hermana tuvo un atraso en su período menstrual.
Aun cuando cambiaron el agua de la pileta, aun después de que vendieron la casa y nos mudamos a otro estado, aun después del aborto de mi hermana, ni siquiera entonces mis padres volvieron a mencionarlo.
Esa es nuestra zanahoria invisible.
Ustedes, tomen aire ahora.
Yo todavía no lo hice.



¿Y bien?